Como decíamos ayer…
Han pasado cinco semanas desde la última vez que escribí.
Cinco semanas que han dado para mucho y justifican minimamente mi ausencia: terminé los exámenes y el curso, me gradué, hice selectividad y al día siguiente me escapé a Italia, volví a tiempo para enterarme de que había aprobado y tenía nota de sobra, me fui a la playa a intentar en vano abandonar mi color de piel blanco-transparente, organicé el itinerario del Inter-rail de Agosto y aun tuve tiempo de cocerme en una Sevilla de 46 grados buscando el piso donde voy a vivir el año que viene.
Entre tanto el mundo tampoco ha parado y los periódicos e informativos del mundo entero han tenido su ración diaria de desgracias, novedades y alguna buena noticia en una proporción, desgraciadamente, desigual.
Mientras los barcelonistas aun celebraban el triplete, un avión francés se estrelló en el Atlántico y dejó los motivos del accidente en el fondo del océano, junto a las desaparecidas cajas negras.
La derecha ganó en Europa mientras que Berlusconi seguía haciendo de las suyas y un periódico español lo publicaba en exclusiva.
España recibió una dosis de humildad cuando cayó frente a “el débil” EE.UU. en la copa confederaciones. Dosis de humildad que, por otro lado, no le venía nada mal.
La gripe A no desaparece y hace poco se cobró su primera víctima mortal en España.
Las guerras siguen como siempre, con un Oriente Medio convulso y desigual y una África inestable y sumida en la pobreza. Y a esto, se le une Honduras, con un golpe de Estado encubierto que amenaza con acabar con la libertad en el país latino.
Pero sin duda, la noticia que hará historia este junio será la muerte de Michael Jackson, que murió como vaticinaba la historia, como lo hizo Elvis, como lo hizo Marilyn, como parece llamados a morir los grandes genios, los reyes. Todo lo que se puede decir, ya se ha dicho, así que solo añadiré que Eme tiene razón.
Y tras este resumen, me voy a la playa