Reflexión semanal III
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El globo negro
Hace algunos años llegó un vendedor de globos a un pequeño pueblo en feria.
El joven pronto se ganó la simpatía y admiración de todo el pueblo por utilizar una táctica muy singular para vender: de vez en cuando, soltaba un globo que se elevaba lentamente atrayendo la atención de pequeños y mayores.
Así soltó un globo rojo y toda la gente, especialmente los potenciales pequeños clientes, miraron como el globo remontaba vuelo hacia el cielo. Más tarde soltó uno azul, después uno verde, después uno amarillo, uno blanco…
Todos ellos remontaron vuelo al igual que el globo rojo…
Un niño negro observaba extasiado este curioso espectáculo cuando, de repente, fijó su mirada en un globo negro que aún sostenía el vendedor en su mano.
Permaneció así largo tiempo hasta que, finalmente, decidió acercarse y preguntar al vendedor: Señor, si soltara usted el globo negro. ¿Subiría tan alto como los demás?
El vendedor sonrió comprensivamente ante la ocurrencia del niño, soltó el cordel con que tenía sujeto el globo negro y, mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: No es el color lo que hace subir, hijo. Es lo que hay dentro.

Que pasada….
No conocía este relato y ME ENCANTA.
Magnifico, Asha, me lo apunto para contárselo a alguien.
Un beso, bonita.
Muchas gracias, Bruma. Me alegra que te gustara.
Cuando escuché este relato, pensé en lo lindo que sería el mundo si lográramos entender algo tan sencillo ¿No creeis?
Muchos besos y gracias de nuevo por estar siempre ahí