¡Papi, cómprame un Kalashnikov!
Ayer descubrí por casualidad un reportaje de Jon Sistiaga, reportero de Cuatro, de esos que te hacen pensar.
Trata la tenencia indiscriminada de armas en EE.UU. y, sobre todo, la locura de cientos de padres que se muestran orgullosos al ver a sus retoños disparar cualquier arma que sus acomodados bolsillos les permitan comprar, por ejemplo, un Kalashnikov.
La realidad supera a la ficción, una vez más. ¿Cómo es posible que un padre ponga en las manos de su hijo de 7 años un M-16 bajo la protección de una segunda enmienda que, en mi opinión (y la del reportero), necesita ser modificada con urgencia? ¿Cómo es posible que ese padre lo haga con el convencimiento de que es bueno, incluso necesario, para su educación y maduración empuñar ese arma?
“Aquí no necesitamos psiquiatras ni divanes. Aquí tenemos armas automáticas… Eso si es una buena terapia…” Lo dice uno de los organizadores del Festival de la Metralleta de Knob Creek, en Kentucky.
“[Vietnam] fue divertido: colegas disparando, un montón de munición para gastar y además me pagaban a final de mes. Sí, lo pasé muy bien” es la respuesta que da un veterano de guerra (de esos que parecen haberse quedado anclados en el pasado) ante la pregunta que le formula el reportero: ¿Cómo fue Vietnam?
“Creo que la Biblia fue escrita para la raza blanca. Dios nos eligió, por eso el libro sólo habla de nosotros”, afirma un miembro del Ku Klux Klan en el cuartel general donde realiza prácticas de tiro delante del símbolo de las SS nazis y, entre otras cosas, mantienen un archivo de control de negros del estado.
Pero todo esto es tolerable porque “las armas no matan, matan las personas” y “Es un derecho fundamental y constitucional poder defenderte”. Ver para creer.
Os dejo la primera de las cinco partes del reportaje…
…y el enlace de la 2ª, la 3ª, la 4ª y la 5ª.
Feliz semana
Asha




